No alarmarse,mamás.
Sí, hemos estado en comisaría, pero de momento no se revelará el porqué. Preferimos empezar por lo bueno y terminar con lo menos bueno. Somos de los de: 'tengo dos noticias, una buena y una mala, ¿cuál te digo primero? La buena, la buena... sin duda.
Hemos pasado el fin de semana en Ko Samui. (Hoy lunes también, aunque no entraba en nuestros planes). Desde el Océano Índico atravesamos la estrecha Península de Malaca para dirigirnos al Golfo de Tailandia, en sólo tres horas de autobús. Al igual que el lugar anterior, se trata de un sitio con unas vistas maravillosas, mejores playas que en Krabí y Ao Nang y con más medios de transporte. Gracias al sistema de alquiler motos, hemos podido alquilar una de 125cc por 200 bahts tailandeses (5 €) durante 24 horas. Sentimos la libertad de poder ir a donde nos diera la gana sin tener a ocho occidentales al lado. Al ser una isla pequeña, la carretera que la rodea no llega a los 60 kilómetros, sólo nos gastamos 4 € de gasolina. ¡Y eso que aquí en Tailandia la gasolina es cara de cojones! Atentos, no sé cómo llevaríamos en España el pagar por un litro de gasolina lo mismo que cuesta un plato normalito del típico bar cutre. Eso es lo que ocurre aquí. Un litro de gasofa vale lo mismo que un plato normal; es decir (y comparando), ¿qué vale un plato de cocido en Madrid? Ni puta idea, pero vamos, pongamos que vale 5 €. ¿Qué pasaría si tuviéramos que pagar 5 € por un litro de oro negro?... Los comentarios irían desde: “Zapatero tiene la culpa”... “eso nos pasa por comprar petróleo a Venezuela”... “al final me van a obligar a ir en bici” o “es que España es así”; o quizá la gente se echaría a la calle a protestar, como vimos hace unos días en Bangkok. No me extraña nada que se quejen y que se manifiesten pidiendo mejoras. Lo que sí que me extraña es que lo hagan con tan poco ímpetu.
Dejando atrás las mierdas políticas, económicas y sociales que hacen de este planeta algo feo, sigo con el fin de semana tropical.... moto a lo Easy Rider; pardillos la primera noche pagando un dineral por cenar en el restaurante de nuestro picadero; algún que otro mosquito porculero; playazas; cataratas;
comidas, cenas y desayunos exquisitos en los puestos callejeros (todavía no hemos tenido cagalera, por lo que pensamos que todas esas precauciones alarmistas al estilo de 'no comas en los puestos que es malo', 'lava la verdura que está terriblemente infectada', 'no al pescado', 'no a la carne' y demás instrucciones intimidatorias, no valen para nada más que para incitar el consumo en comercios con buen aspecto, con personal que habla inglés y con muchas pijadas varias); también hemos tenido sol, nubes, lluvia, tormentas, viento...
Todo esto de viernes a domingo. Y para darle algo de emoción al viaje, porque no molaría tanto que todo fuera perfecto, hoy lunes, en lugar estar buceando en las aguas cristalinas de Ko Tao, hemos terminado en comisaria.
Os cuento la historia. He de decir que si hubiera escrito este texto hace unas horas, justo después del incidente, seguro que el tono de mis palabras sería mucho más colérico. Ahora, y tras relajarnos en varios baretos con unos cafelillos helados y unas birras, veo todo de forma mucho más positiva. Al lío: ayer por la noche, domingo, decidimos reservar el billete de ferry que nos llevaría a nuestro próximo destino, Ko Tao, y nos pasamos por el embarcadero para buscar la mejor opción. En lo que nosotros pensábamos que era la oficina de ventas de billetes nos remitieron al mostrador de información turística que estaba a menos de 5 metros. Allí Isa acordó que zarparíamos a las 11:00 de la mañana de hoy y que nuestro barco tardaría unas dos horas y media. No pagamos por la reserva, porque no nos gusta darle un duro a nadie por adelantado, pero nos dieron una factura decente en la que se indicaba que pagaríamos al día siguiente. Hasta aquí todo normal.
Hoy lunes por la mañana, hemos madrugado para ir al embarcadero donde debíamos pagar los billetes que habíamos reservado. Ya de camino, nos hemos dado cuenta de que la factura que nos firmaron no viajaba con nosotros. Ha debido quedarse en la habitación del bungalow. Malo. Para nuestra alegría, cuando hemos llegado al embarcadero, el señor de la oficina de turismo nos recibe con un cordial y rústico: “ah, I remember you” (“me acuerdo de vosotros”) y nosotros “ah, ok ok, perfect”. Le hemos dicho que nos hemos dejado la factura en donde pasamos la noche y el señor nos ha respondido con un efusivo, y de nuevo algo arcaico “no problem, no problem”. Hemos visto a varios guiris que le han pagado, por lo que nos hemos fiado plenamente de él y hemos soltado la guita. 700 bahts tailandeses por dos billetes con destino a Ko Tao. Guay.
El señor nos dice dónde debemos embarcar y nos avisa de que estemos allí media hora antes. Por seguridad, y por cansancio, estábamos en el sitio indicado con más de una hora de antelación. Mientras esperábamos al ferry, algo muy bonito pasó. Me encontré con la hija de mi profesor del cole, Don Pedro (Ángela), y nos entró una alegría increíble. Encontrarse a una pinteña en una pequeña isla de Tailandia no creo que pase todos los días. Compartimos unas palabras y justo en ese momento nos avisan de que el barco está listo para ser embarcado. Nos dirigimos hacía allí manteniendo la típica conversación introductoria. Le dio tiempo a contarme que lleva años viviendo en una isla vecina, donde es profesora de yoga y donde disfruta de una buenísima calidad de vida. Esta chica estudiaba en mi cole y, de hecho, compartía clase con mi hermano mayor. ¡Gozada! En ese momento un currela de la compañía del ferry me dice: “tickets, please”. Le doy la facturita en cuestión y me dice: “this no ticket” (algo así como “esto no es un billete”) What??? le respondemos al unísono mientras por mi mente se empieza a aparecer el rústico y arcaico hombre de la información turística. ¿Cómo que esto no billete? ¿Qué pasa tú? Esto billete por mis santos huevos. Yo pago 700 bahts y esto billete. El colega me dice que nanai, que vaya a la oficina oficial y que intente canjear la factura. Corro cual galgo hacia allá e Isa se queda esperando a pie de barco. Llego a la oficina en dos minutos y la señora tras el mostrador me dice: “esto no billete, barco lleno, hoy no viajar, buscar a hombre y pedir dinero de vuelta”... No sé cuántas veces me habré cagado en todo mientras corría en busca del colega que nos había vendido esa morralla de billete. Mientras corría pensaba que el tío no estaría allí cuando llegará, pero para mi satisfacción, sí que estaba. Nada más verme, el man notó algo raro en mi rostro y se puso a la defensiva.
- ¿Qué pasa contigo y con tus billetitos para un barco lleno?, le digo.
- No problem, yo devuelvo dinero a ti. Mañana barco no lleno.
¡Será hijo de puta!... esto lo pensé, no lo dije. - ¡Cómo que tú devuelves dinero a mi! Tú dar un billete válido a mi ahora para yo salir de isla hoy!
- No posible, barco lleno, dice de nuevo el champion, mientras su cara se torna en algo tristón en busca de compasión.
- ¡Cómo que barco lleno! ¡Cómo que tu devuelve dinero a mi! ¿Y por qué tu entonces vendes billete a nosotros si barco lleno?
- Ok, ok, el colega coge el teléfono y parece que intenta solucionar el tema.
Todo esto sucede mientras Isabel espera junto con el currelilla del ferry, la hija de Don Pedro y su novio en el muelle. Mientras, el tío habla por teléfono y me dice... sígueme, dándome la impresión de que todo se va a solucionar. Cuando le sigo, veo que no va a la oficina oficial, por lo que le digo: a esa oficina no, a la oficial sí. El tío se niega al principio, pero termina por acceder. Le agarré del brazo con mi mirada de enfadado. Ya en la oficina oficial entabla una conversación con la chica del mostrador en la que parece que ésta le recrimina algo y mirándome me vuelve a decir que no hay billetes. De nuevo el colega me dice... toma tu dinero. De nuevo le digo que no quiero dinero, que quiero mi jodidos billetes. Aquí el mosqueo que tenía era considerable. Al ritmo que cambia mi tono al hablar, volviéndose cada vez más duro, cambia la cara del colega, que se vuelve cada más penosa. He de admitir que era efectiva, pues me dio pena, mucha pena; quizá cometió un error, quizá sentía de veras cuando me decía 'sory, sory, don't know boat full', pero dado que no entiendo un cagado cuando hablan entre ellos, no soy capaz de saber si realmente se equivocó o si me había engañado con premeditación. Quizá el tío pensó que no volveríamos a reclamar, quizá pensó que 700 bahts para nosotros no son ni 20 euros y que no le daríamos importancia. Quizá pensó que, ya con Isabel a mi lado, pues el barco se había marchado, no íbamos a tener valor suficiente como para ir a la policía a avisar de lo ocurrido. Se equivocó.
De nuevo en el mostrador donde la noche anterior habíamos reservado, y hartos ya de gilipolleces, y con la seguridad total de que no saldríamos hoy de la isla, le decimos al colega y a su hermana (que ahora era la que se encargaba de informar tras el mostrador) que, o nos dan un billete para salir de la isla hoy, o nos vamos a quedar allí dando por culo y diciendo a todos y cada uno de los turistas que no contraten nada con ellos debido a su poca profesionalidad. Esto les jode bastante. La chica me dice: toma 400 bahts y vete. ¡Y dale con el puto dinero! ¡QUÉ NO QUEREMOS DINERO, QUEREMOS BILLETE! Dice que no es posible. Le decimos que vamos a comisaría y tiemblan. Como en ese momento llovía a cántaros y no queríamos cargar con la casa que tenemos por mochila bajo la lluvia, Isa coge el chubasquero y va sola a comisaría. Mientras, yo espero con las mochilas junto al mostrador de 'desinformación' con evidente mal humor.
- Hello, me llama la hermana del penoso.
- Hello, what?
- Tu poder ir hoy, 13:45, barco. ¿Tú mujer dónde?
- En comisaria, le digo.
- ¡Comisaria! ¿Verdad?
- ¡Como que verdad! Pues claro... nosotros turístas, no estúpidos.
- Ok, ok... 13:45 vosotros poder ir.
13:00. Isa no llega. Ya llevaba más de 30 minutos por ahí sola. No me gusta. Seguía lloviendo. Me pongo mi mochila en la espalda y la de Isa en el pecho. ¡A comisaria! Aquí pasó lo que pasa siempre... nos cruzamos. Llegó a comisaría e Isa ya no estaba. Dejo las cosas allí y vuelvo corriendo en su busca, de nuevo dirección al puesto de desinformación. Cuando llego allí, la veo discutiendo con la señora, con un policía de testigo. Tras varios minutos, no nos entendemos y todos a comisaria. El madero y la señora en moto y nosotros caminando bajo el aguacero.
Ya en comisaria, y tras mucho dialogar junto a un policía muy amable que hablaba algo de inglés, explicamos lo que pasó, al igual que lo había hecho la señora con anterioridad. Algo así como un juicio rápido del que parece que salimos victoriosos porque el policía nos pregunta: ¿qué querer vosotros de ella? Mmmm, queremos un billete válido para mañana... y ahora lo queremos gratis. También queremos un papel en el que se explique lo ocurrido.
El policía dice ok. La señora se marcha y vuelve a los cinco minutos con dos billetes oficiales y con cara de mosqueo. Nos da los billetes, nos aseguramos de que son válidos y firmamos el papelito de denuncia. Decimos un sarcástico good bye thank you a la señora, damos las gracias a los policías, nos vamos de comisaría y buscamos una pensión donde pasar la noche.
Hasta aquí la que esperamos sea nuestra única aventura de carácter policial.
¿A qué no era para asustarse, mamás?
Xxx
PD: Tendrías que ver los uniformes de los policías. Es algo entallado, cual traje de luces toreril, pero sin adornos. Marcando barriguita y paquete, con los botones a punto de saltar, e incluso con peine en el bolsillo trasero a lo Denny Sucko. Comisaría de pasillos con tocadores donde se acicalaban el pelo cada muy poco tiempo. Digno de fotografiar, aunque nos dio cierto reparo hacerlo.
lunes, 21 de marzo de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
AO NANG Paraíso terrenal... paraíso acuático... paraíso grupal.
Marchamos de Ao Nang con una muy grata opinión de este idílico y sureño pueblo costero rodeado de impresionantes formaciones de roca caliza pobladas de vegetación y en las que, supuestamente, se pueden ver monos jugueteando entre la maleza; decimos supuestamente porque en nuestro único intento en busca de primates el resultado fue más que negativo.
Aun así hemos disfrutado de tres días con bastante actividad deportiva y lúdica: canoa en el Mar de Andamán, bicicleta por las poblaciones vecinas, donde disfrutamos de un increíble plato típico de pasta thai por nada y menos en un pequeño bar de carretera donde la única que sabía los números en inglés era la hija de la dueña. También tuvimos la oportunidad de perdernos entre plantaciones de palma y otras verduras que con esmero recogían los lugareños bajo un sol abrasador rodeados de montañas preciosas. No podemos olvidar otras costumbres universales de pueblos playeros como nadar, pasear, dormir la siesta, beber birra en cantidades excesivas (gran resaca el segundo día) y, como es costumbre por aquí, observar pasmado a los guiris acompañados de sus impolutas meretrices quinceañeras.
Sólo tenemos un 'pero' para este lugar. Habréis observado que el título de esta entrada es 'Ao Nang: Paraíso terrenal... paraíso acuático... paraíso grupal'. Ha sido una pena comprobar como los puntos de información turística son meros puntos sacacuartos. Información turística 'mis cojones'. No sólo no informan, sino que desinforman. Todos y cada unos de ellos te niegan un mapa de la zona con el único fin de que reserves una excursión con ellos. Puedes hacer canoa, puedes escalar, puedes montar en bici, puedes ir a ver cascadas (de agua), puedes hacer un montonazo de actividades... puedes hacerlas si pagas. Si no pagas, puedes perderte con la bicicleta de sitio a sitio (algo que no nos disgusta para nada, pero que te deja una sensación de cierto desamparo turístico), puedes montar en canoa (pero no te alejes mucho que tienes que volver a la misma playa sano y salvo), puedes ver cataratas, pero 'uh qué lejos están, solo no puedes ir que te podrías perder'. No te ayudan nada de nada si quieres hacer las cosas por tu cuenta. El turismo independiente parece no ser rentable en estos lares y lo evitan continuamente. Incluso a la hora de preguntar cómo llegar a otros destinos, la pregunta básica es: do you want to book now?, today? tomorrow? how many persons? Good price for you!... Todo está lejos, todo es difícil, todo es pagando. Los resorts ganaron la batalla. Su vieja.
Por cierto, hemos dejado el buceo para otros lugares porque tras bañarnos varias veces con las gafas de natación (tanto cerca de la playa, como cuando nos aventuramos con la canoa) dudábamos bastante de la visibilidad de la zona. El agua está limpia, pero su color verdoso es bastante denso.
Aun así hemos disfrutado de tres días con bastante actividad deportiva y lúdica: canoa en el Mar de Andamán, bicicleta por las poblaciones vecinas, donde disfrutamos de un increíble plato típico de pasta thai por nada y menos en un pequeño bar de carretera donde la única que sabía los números en inglés era la hija de la dueña. También tuvimos la oportunidad de perdernos entre plantaciones de palma y otras verduras que con esmero recogían los lugareños bajo un sol abrasador rodeados de montañas preciosas. No podemos olvidar otras costumbres universales de pueblos playeros como nadar, pasear, dormir la siesta, beber birra en cantidades excesivas (gran resaca el segundo día) y, como es costumbre por aquí, observar pasmado a los guiris acompañados de sus impolutas meretrices quinceañeras.
Por cierto, hemos dejado el buceo para otros lugares porque tras bañarnos varias veces con las gafas de natación (tanto cerca de la playa, como cuando nos aventuramos con la canoa) dudábamos bastante de la visibilidad de la zona. El agua está limpia, pero su color verdoso es bastante denso.
martes, 15 de marzo de 2011
De la capital al sur
Tras unos días disfrutando de la metrópolis, el clima tropical nos pide a gritos un poquito de playa... Ao Nang es el lugar elegido para gozar de unos días de playa, senderismo, kayak, submarinismo, escalada y otras tonterías sin importancia...
Por cierto, aquí la cerveza no se sirve en botellines, ni en tercios... se sirve en unos simpáticos 0,675cl... muy agradables para sofocar tan terrible calor. Los baños en el cálido Mar de Andamán también ayudan a hacer de nuestra estancia algo todavía más acogedor.
Por cierto, aquí la cerveza no se sirve en botellines, ni en tercios... se sirve en unos simpáticos 0,675cl... muy agradables para sofocar tan terrible calor. Los baños en el cálido Mar de Andamán también ayudan a hacer de nuestra estancia algo todavía más acogedor.
domingo, 13 de marzo de 2011
Mudanza próxima
Los gandules informan de que, por miedo a quedarse a vivir definitivamente en Bangkok, se han visto obligados a comprar un billete que les lleve al sur. Hace unos días pensaron marchar a Ko Tao, pero dado que todos y cada uno de los mochileros van allí, han decidido cambiar el destino por Ko Lanta; isla menos turística e ideal para bucear sin estar rodeados de guiris borrachos con meretriz quinceañera con ganas de pillarse una castaña continua.
Ya tienen su billete de autobús. Nocturno y en clase VIP. No es que vayan de sobrados y se codeen con la jet set thai; es que son 14 horas de trayecto y no quieren empezar a sufrir de tobillos hinchados, sobacos apestosos y hambre acumulada. Además el billete VIP vale 17€, que por tantos kilómetros no está nada mal. Les han dicho que en el autobús tendrán algo parecido a una cama, baño y servicio de comida y bebida. Se conforman con que la calidad del servicio llegue a la mitad de los mágicos autobuses argentinos, donde ya experimentaron la grata sensación de estar más de 18 horas en carretera. Eso sí, ya que no tienen servicio de masaje incluido, se pegarán uno justo antes de salir ya que la estación dispone de un centro donde puedes estar una hora por 100 thai bahts (2,50€). Con esto, y a falta de sustancias que facilitan el sueño, esperan llevar mejor el largo viaje que les espera. Lo bueno de estos viajes nocturnos es que te ahorras la noche de hotel y que cuando te bajas del autobús puedes ir directamente a la playa, tras haber buscado otra humilde morada y abadonado las pertenencias. De hecho ya se han buscado playas y lugares a los que poder ir en su próximo destino. He aquí un par de fotos. Todavía no lo han decidido.

Por otro lado, han reservado la mañana de mañana para visitar los famosos templos budistas de Bangkok.
¡Os echamos de menos!
;)
Ya tienen su billete de autobús. Nocturno y en clase VIP. No es que vayan de sobrados y se codeen con la jet set thai; es que son 14 horas de trayecto y no quieren empezar a sufrir de tobillos hinchados, sobacos apestosos y hambre acumulada. Además el billete VIP vale 17€, que por tantos kilómetros no está nada mal. Les han dicho que en el autobús tendrán algo parecido a una cama, baño y servicio de comida y bebida. Se conforman con que la calidad del servicio llegue a la mitad de los mágicos autobuses argentinos, donde ya experimentaron la grata sensación de estar más de 18 horas en carretera. Eso sí, ya que no tienen servicio de masaje incluido, se pegarán uno justo antes de salir ya que la estación dispone de un centro donde puedes estar una hora por 100 thai bahts (2,50€). Con esto, y a falta de sustancias que facilitan el sueño, esperan llevar mejor el largo viaje que les espera. Lo bueno de estos viajes nocturnos es que te ahorras la noche de hotel y que cuando te bajas del autobús puedes ir directamente a la playa, tras haber buscado otra humilde morada y abadonado las pertenencias. De hecho ya se han buscado playas y lugares a los que poder ir en su próximo destino. He aquí un par de fotos. Todavía no lo han decidido.

Por otro lado, han reservado la mañana de mañana para visitar los famosos templos budistas de Bangkok.
¡Os echamos de menos!
;)
sábado, 12 de marzo de 2011
Las chicas del bus 79
Es increíble ver cómo se dejan la vida en ayudarte... nada de prejucios ni miedos, ni tonterías raciales ni mierdas religiosas... lo dan todo. Antes de tomar el bus nos indicaron cómo llegar a nuestra parada. Ellas nos dijeron que iban a otro sitio, pero para nuestra alegría se han bajado en nuestra parada y nos han llevado hasta la puerta de casa... Karpkum kap artistas.
Bangkok Day 2
Sin duda hoy nuestros gandules han disfrutado de un día más completo que el de ayer. Tras dormir como angelitos y evitar que su odiado amigo Jet Lag volviera a encontrárselos, se han pegado la duchita mañanera a eso de las 10.30 y se han puesto en camino.
Un gato esquelético les ha despedido del estrecho callejón donde se encuentra su albergue y súbitamente un olor a carne y pescado les ha llegado al estómago. Algo fuerte para empezar, dijeron. Mejor fruta. Rodajón de sandía y media piña sí sirven de desayuno. Treinta minutos después arroz con pollo y verduras en un puestecito callejero regentado por una Margaret Tachet tailandesa. Tendrías que haber visto cómo tenía a los currantes la sargento. No podían ni respirar. Mientras tanto ella recolectaba la pasta de los clientes y observaba comer a un zagalillo en la silla de enfrente.
Da gusto comprobar como la mayoría de mochileros se reúnen en las cercanías de Rambutri y Kao San, centro turístico por excelencia en estos momentos. Sólo necesitas alejarte unas cuantas calles para estar completamente solo entre tailandeses y disfrutar de la autenticidad de los barrios y sus puestos de comida callejera. Y sobre todo da gusto no ver a tanto viejo inglés, alemán y yankitos de la mano de jovencitas tailandesas. No sé si serán menores o no, porque todos parecen dulces niños. Pero da un asco que te cagas ver guirufos con esa actitud victoriosa que les da el hecho de follar sin tener que currárselo mucho o sin tener que pagar un dineral, como sucede en sus países de origen. Una pena grande.
Por cierto, respecto a lo de que la mayoría de los de aquí parecen infinitamente más jóvenes tiene mucho que ver con la escasez de pelo facial y corporal. Alegra muchísimo saber que multinacionales asquerosas y sacacuartos como Gillette no hagan aquí su agosto con cada cajita de cuchillas. Aquí no se afeita ni dios. Quizá esta sea una de las razones por las que en el otro lado del mundo, los que se afeitan comprando cuchillas, pagan tanto por ese trozo de plástico con uno, dos, tres o catorce metales al final.
Luego barquito por el canal y tren aéreo. Visita a un centro comercial muy moderno, muy bonito y muy enfocado a gastar a lo loco. ¡Qué agobio! Este lado de la ciudad, el de los edificios enormes y brillantes, nos informa de que Bangkok no es sólo tradiciones e historia, sino también modernidad y capitalismo. Cansados del centro comercial, a los 15 minutos decidimos evadirnos en un parque que habíamos visto montados en el Sky Line, el tren aéreo, que petado de currantes de oficina y de obras, descongestiona el caos circulatorio de la ciudad.
Aquí llega lo mejor del día. El parque de Lamputi nos sorprende por su viveza. Cientos de gentes disfrutando de clases de aerobic gratis -entre ellos nuestra querida Isabel- que contoneando sus
rodillas, codos y muslos a vuelto loco al personal. Tanto esfuerzo ha puesto que a los 2 minutos y medio ya estaba reventada y a punto de romper a sudar. Los 30 grados y la altísima humedad también ayudan a perder líquido a raudales. Después unos 15 minutos de yoga, también gratuitos y paseo de vuelta a casa en metro y tuk tuk (esas motos que tienen un compartimento detrás para unas cuatro personas; aunque montan a tantos como puedan) y de vuelta al barrio.
Mañana volveremos al parque sin chanclas, con zapatillas de deporte y ropa de aseo.
Mañana volveremos al parque sin chanclas, con zapatillas de deporte y ropa de aseo.
Ya de noche ha llegado la hora de los bichitos. De los bichitos cocinados. 2 saltamontes, 2 escorpiones y 2 gusanos fritos y aderezados con soja nos han dado un extra de proteínas que seguro no olvidaremos. Os dejo el vídeo para que lo veáis vosotros mismos.
Lagórn!!!
jueves, 10 de marzo de 2011
3, 2, 1... ya!!!
Comienza la carrera... Madrugón de pelotas en Pinto. Nada de tonterías. Bangkok espera. Despertador a las 6:30 y para arriba a las 6:45. Esos quince minutos gandules tras el primer rebato mañanero saben a gloria.
Hoy el desayuno sabe riquísmo. El hecho de saber que pasará algún tiempo hasta beber leche semidesnatada LAUKI con COLACAO ORIGINAL; sin comer pan tostado con ACEITE DE OLIVA y sal; y sin jiñar en un retrete familiar, hace que disfrute el desayuño y sus postrimerías al 200%. Y si encima tu hermano se levanta, te ayuda a preparar las últimas cosillas y te lleva a la estación, el comienzo de día se podría calificar de 'casi perfecto'.
De camino al aereopuerto, totalmente zombis. Palabras las justas. ¿Cómo puede alguien hablar en un tren a las 7 de la mañana? Recuerdo los días de facultad en los que, o prefería ir solo, o sólo me apetecía encontrarme con mis coregas ultra; con esos a los que podías decir libremente: 'cállate ya', o esos que me lo decían a mi si era yo el que había desayunado lengua. Lo jodido era cuando te encontrabas sorprendentemente con alguien al que, por respeto, por diplomacia o 'por yo-qué-se-que-cojones-qué' no te sentías como para decirle: "¡¿te quieres callar ya, pelmazo?!". Eso si era chungo. 25 minutos de tren con el botón del cerebro en OFF mientras el otro BLA BLA BLA BLA o ¿BLA?... ¿BLA?... ¿BLA?...a lo que le contestabas con un lánguido: ¿en serio? o un ¿qué bien, no? o con un descarado y fingido sueño irreprimible. Momentos porculeramente tensos que derivan en lúdicos escondites matutinos... "detrás de esta columna no me ve"... "a ver si sigue recto y no se entera de que estoy aquí"... y demás tácticas escapatorias.
Volviendo al viaje... una hora después... aereopuerto de Barajas. Seis horas y media después... Doha. Siete horas y media después... Bangkok. Total catorce horas de viaje, contando la hora de tránsito en Qatar. Nuestro vuelo salío a las 10 de la mañana, así que llegamos a Bangkok a las 24:00 hora española (6:00 en la capital Tailandesa). Sol subiendo y párpados bajando. Avión bajando y sueño aumentando. Al mamón del Jet Lag le toca actuar hoy. Se ha comido una noche entera... justita. Y lo peor es que seguirá jugando con nosotros algunos días más.

Como he dicho al principio Bangkok nos esperaba... bullicioso, atascado y colorido (el taxi parecía un museo budista; tenía muchas estampitas de buda; por cierto, clavadas al techo con chinchetas. ¡Ah, y con una señal de prohibido follar dentro!
También amanece con olores buenos. Y malos. Con personas risueñas, que no distingues muy bien si miran, duermen o sueñan... Con un hostal dignísimo a 8 pavos, un almuerzo a 3 y una siesta que se avecina ahora mismo y que no sé si se hará mayor y de siesta se transforme en hibernación tropical.
Ya me enteraré de algo cuando el Jet Lag termine de actuar.
Yes, we jarl.
Bangkok, 10.3.2011 / 15:55h
Hoy el desayuno sabe riquísmo. El hecho de saber que pasará algún tiempo hasta beber leche semidesnatada LAUKI con COLACAO ORIGINAL; sin comer pan tostado con ACEITE DE OLIVA y sal; y sin jiñar en un retrete familiar, hace que disfrute el desayuño y sus postrimerías al 200%. Y si encima tu hermano se levanta, te ayuda a preparar las últimas cosillas y te lleva a la estación, el comienzo de día se podría calificar de 'casi perfecto'.
De camino al aereopuerto, totalmente zombis. Palabras las justas. ¿Cómo puede alguien hablar en un tren a las 7 de la mañana? Recuerdo los días de facultad en los que, o prefería ir solo, o sólo me apetecía encontrarme con mis coregas ultra; con esos a los que podías decir libremente: 'cállate ya', o esos que me lo decían a mi si era yo el que había desayunado lengua. Lo jodido era cuando te encontrabas sorprendentemente con alguien al que, por respeto, por diplomacia o 'por yo-qué-se-que-cojones-qué' no te sentías como para decirle: "¡¿te quieres callar ya, pelmazo?!". Eso si era chungo. 25 minutos de tren con el botón del cerebro en OFF mientras el otro BLA BLA BLA BLA o ¿BLA?... ¿BLA?... ¿BLA?...a lo que le contestabas con un lánguido: ¿en serio? o un ¿qué bien, no? o con un descarado y fingido sueño irreprimible. Momentos porculeramente tensos que derivan en lúdicos escondites matutinos... "detrás de esta columna no me ve"... "a ver si sigue recto y no se entera de que estoy aquí"... y demás tácticas escapatorias.
Volviendo al viaje... una hora después... aereopuerto de Barajas. Seis horas y media después... Doha. Siete horas y media después... Bangkok. Total catorce horas de viaje, contando la hora de tránsito en Qatar. Nuestro vuelo salío a las 10 de la mañana, así que llegamos a Bangkok a las 24:00 hora española (6:00 en la capital Tailandesa). Sol subiendo y párpados bajando. Avión bajando y sueño aumentando. Al mamón del Jet Lag le toca actuar hoy. Se ha comido una noche entera... justita. Y lo peor es que seguirá jugando con nosotros algunos días más.
También amanece con olores buenos. Y malos. Con personas risueñas, que no distingues muy bien si miran, duermen o sueñan... Con un hostal dignísimo a 8 pavos, un almuerzo a 3 y una siesta que se avecina ahora mismo y que no sé si se hará mayor y de siesta se transforme en hibernación tropical.
Ya me enteraré de algo cuando el Jet Lag termine de actuar.
Yes, we jarl.
Bangkok, 10.3.2011 / 15:55h
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