Eran las 12 del mediodía cuando llegamos a Luang Namtha. Una negra cagada de paloma que cayó directa sobre el cuello de mi camiseta me dio cordialmente la bienvenida mientras mantenía la cotidiana conversación con el conductor del tuk-tuk que nos llevaría de la estación al pueblo:
- Hola, ¿qué tal?- le saludé.
- Hola... al pueblo son 10.000 kips.
- ¿10.000 kips, tan lejos estamos, my friend?- repliqué con tono regateador.
- Sí, a 10 kilómetros... 'hostia, te acaba de cagar una paloma en el cuello!... eh, eh, chicos, chicos -dijo llamando la atención a sus colegas- que al guiri le ha cagao una paloma en el cuello... ji ji ji, ji ji ji.
Después de las chanzas, llegamos al pueblo y nos metimos en el que ha sido nuestro hotel con spa, piscina y gimnasio.
Nos hemos pegado cuatro días de recuperación vital. Veníamos de Vietnam cargados de energía; fue un mes de no parar de moverse. Ya nos merecíamos disfrutar de la calma... y dónde mejor que en este pueblecillo de Laos. Recorriendo sus caminos a pie y en bici, disfrutando del la piscina y del spa gratuitos -llámense cataratas-, bebiendo algo de beerlao con un bocatita de huevos con salchichas en mano y acostándose a las 22:00 de la noche, se levanta uno como nuevo al día siguiente... y todo esto sin ruido.
Por cierto, ya tenemos billete de avión... el día 25 de agosto volaremos a Kuala Lumpur.
Por delante nos quedan 20 días en Laos... os mantendremos informados.
¡Gandules!
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